Niño pequeño comiendo con las manos

¿Tu hijo te lo pone difícil con la comida? ¿Es muy selectivo a la hora de elegir alimentos?





“¡Con la comida no se juega!” ¿Cuántas veces lo has oído o lo has dicho? A todos nos lo han dicho alguna vez, ya que es algo natural jugar con la comida. Con esto no queremos decir que dejes que tu hijo pinte las paredes de casa con salsa de tomate o decore las lámparas con espaguetis. Los modales en la mesa son una parte importante de la educación, eso está claro. A nadie le gusta que sus hijos sean maleducados y menos en la mesa. Con más razón, actualmente, que parece que se han olvidado muchos valores básicos para la educación de los más jóvenes.

Sin embargo, un curioso estudio de la Academia de Nutrición y Dietética ha sacado a relucir que un exceso de modales en la mesa, a determinadas edades, puede ser contraproducente.

Comer, al fin y al cabo, es algo en lo que participan todos los sentidos, no solo el sentido del gusto.

Por ejemplo, el olor del pan recién horneado puede ayudar a vender una casa. El color de los alimentos nos influye a la hora de elegirlos, está claro. El sonido característico de algunos alimentos, como podrían ser el de las palomitas de maíz haciéndose, ya nos hace salivar.

Los niños pequeños aprenden de su entorno a través de todos los sentidos, por lo tanto es vital que conozcan la comida de forma natural. Por eso, deben tocar, amasar, espachurrar, oler y descubrir los sonidos de la comida; así como descubrir su capacidad de vuelo. Sí, a veces lanzan la comida, lo sabemos.

¿Quieres saber por qué es tan importante jugar con la comida?

Estudiaron a un grupo de 70 niños de entre 2 y 5 años, pidiéndoles que buscaran un juguete pequeño que estaba enterrado en gelatina o puré de patatas. Algunos niños se pusieron a ello con entusiasmo, escarbando alegremente y disfrutando de ensuciarse. Otros niños no querían escarbar en la sustancia viscosa y pringosa, así que los investigadores les dieron cucharas. Después preguntaron a las madres sobre la forma de comer y variedad de alimentos que ingerían sus hijos. También les preguntaron sobre la predisposición a probar nuevos alimentos y la cantidad de frutas y verduras que consumían. Aquellos que disfrutaban jugando con la comida estaban más dispuestos a probar alimentos nuevos y comían más frutas y verduras. Los resultados fueron claros. Los niños que no tienen miedo a ensuciarse comiendo, comen mejor, de forma más variada y por lo tanto, más sana.

Beneficios de jugar con la comida

Por lo tanto, estos mecanismos no son un sustituto de la alimentación ni una distracción de ella. Son procesos importantes para que tu pequeño aprenda a amar la comida y a estar cómodo con ella, lo cual propicia que coma de forma más variada y menos selectiva. De hecho, hay terapias para niños con fobias alimentarias en los que ponen a los pequeños a tocar, oler, dar besos, pintar y, en definitiva, pringarse con la comida que “odian”.

Por si fuera poco, otro estudio demuestra que los niños que juegan con la comida e interactúan con ella aprenden más rápido. El estudio en cuestión parte de la base de que los bebés aprenden a reconocer los objetos sólidos antes que los líquidos o fluidos. Aprenden antes a nombrar los objetos sólidos que tienen una forma concreta que no cambia. Sin embargo, les cuesta más distinguir los líquidos y semi-sólidos, ya que pueden cambiar de forma según el recipiente. Pues bien, los bebés que están más dispuestos a jugar con la comida aprenden a reconocer y nombrar estas sustancias con mayor facilidad. Además, puede estar vinculado con un mayor desarrollo cognitivo del pequeño en el futuro a todos los niveles.Niña pequeña comiendo sandía

¿Qué puedes hacer?

Puedes darle de comer en una trona, así se siente más libre para jugar con la comida. Si tu hijo no disfruta jugando con la comida, puedes enseñarle tú. Crea arte en su plato, dibuja caras sonrientes con verduras y pon mucho color. Pídele que haga su propio dibujo, por ejemplo, con zanahoria, pepino y tomates cherry. Dale alimentos nuevos de forma frecuente y preséntalo como un juego, deberá mirar, oler, tocar y probar cada alimento. Si no lo hace de forma espontánea, hazlo tú, que te vea y te imite. Sobre todo, ten paciencia, ya que es un paladar nuevo que se está educando. Comer es un placer. Hagamos que los más pequeños crezcan sabiéndolo.